Cuando hablamos de clima laboral, corremos el riesgo de pensar en unas condiciones de partida idóneas y enfocamos el análisis partiendo de esa base, pero ¿qué ocurre cuando ese punto de partida es un momento de crisis, inestable e incierto?
Existe una serie factores que influyen en el clima laboral en un escenario en crisis, así como se dan unos roles y comportamientos específicos e identificables. El punto de partida podría ser una empresa en un proceso de Expediente de Regulación de Empleo, que afecta a un porcentaje de la plantilla, pero seguramente se podría extrapolar a otro tipo de crisis que todos conocemos. Esta situación indeseada pero también inevitable se da en numerosas ocasiones. Sean cuales sean los motivos que provocan esta situación inestable, la influencia en el clima laboral es significativa y es por ello que desde los departamentos de Recursos Humanos se debe actuar.
Tras una etapa de rumores y confirmaciones de rumores, la empresa decide anunciar el comienzo de un Expediente y esto da lugar a una serie de comportamientos y estados de ánimo. Tal y como ocurre en la vida cotidiana, ante un suceso traumático, cada persona reacciona de diferente manera y muchas veces de forma imprevisible. Entre los efectos más inmediatos se encuentra un aumento del estrés cotidiano, con las consiguientes quejas por parte del empleado y el posible descenso en el rendimiento del colectivo. Situaciones que anteriormente se sobrellevaban ahora son motivo de protesta. Suele aumentar el número de caso de ansiedad y depresión. También se produce un aumento de la desconfianza y aparición de temores e incertidumbre, “todos estamos en el bombo”, “le puede tocar a cualquiera”, y no se sabe muy bien porqué.
La sensación de hastío y agotamiento, sobre todo psicológico, también es frecuente en estas situaciones. Es común el caso de trabajadores que esperan con más ansía de la habitual la llegada de las vacaciones. Asimismo, se puede dar una ruptura de lazos emocionales creados con la empresa, personas que estaban implicadas en la empresa empiezan a dejar de estarlo o a tener muchas dudas. Se desligan moralmente de la empresa e intentan realizar su trabajo de la forma más aséptica posible. Algunos empleados se ciñen estrictamente a las normas y pautas vigentes, con lo cual se pierde flexibilidad y aumenta la burocracia. Esto puede ser muy grave en empresas en mercados o escenarios cambiantes y que necesitan agilidad en el día a día. Pero el empleado encuentra seguridad en las normas y procedimientos.
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